jueves, diciembre 06, 2018

Marcha contra la esclavitud

El 1 de diciembre un grupo de bolivianos decidió iniciar una marcha desde la localidad de Konani, sobre la carretera, más cerca de Oruro que de La Paz. Su destino es la sede de gobierno, y su motivación la enorme desazón que les produce la falta de respeto al voto ciudadano emitido el 21 de febrero de 2016, que se pronunció rechazando la modificación del art. 168 de la Constitución Política del Estado, que limita el mandato del Presidente a solamente dos periodos como máximo.
Todo esto a un desinformado le podría parecer simplemente una protesta más, pero el profundo problema se encuentra en la desautorización del pueblo, que es el soberano, y que en referendo público, convocado por el mismo gobierno, rechazó por mayoría, con 2.682.517 bolivianos, que representaban el 51.3%  la re postulación de Evo Morales y de Álvaro García Linera, es decir, por voto, considerado en Bolivia lo más sagrado que existe en lo que a sociedad se refiere. Recurrir a la argucia infantil de que se trata de un “Derecho Humano” de Morales el re postularse no solamente es un delito que involucra a todos los interesados; sino una alta traición a la patria, y una burla a todo el pueblo boliviano. ¿Cómo continuar de esta manera? Mañana, los violadores seguirán violando: otro voto ciudadano puede ser invalidado con cualquier argumento pueril mientras el poder les alcance. Ante esta situación ¿qué hacer?
Los marchistas marchan, pero sus pies lastimados y la cara cortada por el viento no les impiden avanzar. “Morir antes que esclavos vivir”, gritan, repitiendo los versos en los que termina el himno nacional de Bolivia.
Aquí hay gente de toda edad y de toda procedencia. Algunos mayores ya han sido evacuados. La marcha continúa.
En medio de esta dura marcha han recibido la noticia de que el Órgano Electoral Plurinacional, adelantando la fecha por temor a la llegada de los marchistas ha decidido habilitar al binomio inhabilitado por la misma elección que ellos administraron, sin ninguna explicación, sin ningún argumento, la plancha del ejecutivo ha logrado su objetivo.
Pero la marcha continúa, ya no marchan para que se evite la habilitación, ya no marchan para que se salve la democracia, marchan para detener la locura de poder, marchan para ver desmenuzarse los pies de barro y hierro del ahora tirano. Marchan, muchos de los pies de los marchistas ya sangran, pero marchan, con fe, como si Bolivia dependiera de sus pasos, de sus ojos firmes en el horizonte, como si dependiera de sus ponchos que como alas de cóndor se levantan con el viento para vencer, vencer al verdugo que es el mismo de siempre: la manipulación, el abuso, el látigo en las espaldas. Marchan sí, esperando que todos los bolivianos no comprados se les unan. Marchan para evitar la esclavitud.

lunes, diciembre 03, 2018

En busca del agua salvadora



Rafael Soler, reconocido poeta y narrador español, escribe este texto sobre "Piedra Sagrada", libro de Gary Daher, Ediciones Vitrubio, recientemente presentado en Madrid.

“El poema es la conciencia de las cosas”, afirma Gary Daher con la jovial rotundidad a que nos tiene acostumbrados. El poema, pues, como acta y testimonio, espejo donde buscar cuanto la vida, ese incidente vertical y pasajero, ha hecho de nosotros. Gary Daher es poeta de mirada atenta, y esta Piedra sagrada (Trilogía) que, con brillante prólogo de José María Muñoz de Quirós ha publicado la editorial española Ediciones Vitruvio en su colección Baños del Carmen, así lo demuestra: libro de libros donde convive el notario de ese diario transcurrir que en “Viaje de Narciso” (2.009) hace grande lo menudo y viceversa; donde el sueño de una mariposa es el de todos, con la serena y profunda voz que nos guía por “La senda del Samai” (2.013); y con “Jardines de Tláloc” (2.017) como escenario y remanso final del recorrido por tres libros esenciales de un poeta de raza, sólido en su decir, bien leído y bien vivido, atento a lo grande y lo menudo.
“Padece el hombre afanes / y  gime y ríe y llora y copula”, nos dice el autor en Viaje de Narciso, estremecedora colección de poemas en un viaje al origen que cantan al padre, a un soldado de Marrakech, al anciano cuya carne se apaga cepillándose la prótesis dental, triste conejo de Alicia; un canto luminoso en su militante verdad, con el poeta “en medio del viejo mar / donde el mundo no es más que un espejo”. ¿Y qué otra cosa es la poesía sino indagación y búsqueda? Un poema, cualquier poema que merezca tal nombre, nace con vocación de perdurar, al encuentro siempre de un lector que posiblemente encontrará en él algo que no busca, pero está. Ahí el misterio, ahí su grandeza. Bien lo sabe Gary Daher que, con esa serena sabiduría que dan la vida y sus hachazos, nos habla de cómo es ese paraíso que nunca nos espera, de la luz como visible animal, del otro que sin saberlo fuimos una vez.
La senda del Samai nos desvela los secretos de la gigantesca estela conocida como La Gran Piedra o El Fuerte de Samaipata, petroglifo cuya visión turba profundamente al poeta, consciente de “estar al frente de un mensaje que habla de un muerto que camina, que posee ojos en los pies para no tropezar, para no caer en lo que puede suponer un oscuro sendero”. Trasegamos la vida a buches torpes y cortos, entre la ignorancia y el daño, perdidos en una falsa lucidez que a muy poco conduce para el que tanto espera; y un día, sin que nadie se lo pida, Gary Daher, observador empecinado, indaga en los mensajes que encierra esa potente mole de piedra, llave que su cerradura busca, lector en expectativa de destino, poeta en sazón cuando nos dice: “Si esperas nadie llega. / Solo la acción y la voluntad hacen al errante. / ¡Avanza!”. En la isla de Goa, recibe el nombre de Samai la danza que se realiza con lámparas de bronce encendidas sobre la cabeza de los oficiantes, y con similar delicadeza, atento a tono, dicción y ritmo, el poeta nos pide “Vivir en el corazón. Vivir en el interior de uno mismo”. Y así, consecuente, reparte  70 reflexiones de hondo calado en capítulos que son provocación y madero salvador: “El camino del fuego” (24 maneras de avivar las brasas), “La puerta dorada” (26 salidas de emergencia para aquellos que necesitan amar y ser amados), “El espíritu del agua” (6 diluvios cortos pero intensos, donde “la palabra de fuego, como el rayo, aparece en medio de la oscuridad”), “Libélula del tiempo” (10 líricos vuelos para comprender mejor, desde esa mínima altura que un instante de lucidez ofrece, nuestra geografía interior), y “Odre de oro” (4 vasijas de vario contenido para cuantos quieran iniciarse en la senda de Samai). Un poeta es, ante todo, una mirada; y una voz, también y quizá antes. Con voz y mirada, con limpio empeño por darnos lo mejor, Gary Daher logra a verso limpio que el lector se sienta interpelado, en un tránsito que se hace corto por este sendero que de nuevo nos conduce allí donde comienzan todos los viajes: hondón que cuida cuanto quisimos ser, cuanto creemos ser y cuanto somos. Libro donde cada cita es a la vez fuente y escollera, arnés para afrontar el día, Daher apostado en esa plaza que no siempre nos atrevemos a cruzar, y nos espera.
Y Jardines de Tláloc, tercer libro para que nada falte en esta Piedra Sagrada. Siete secciones y un solo aliento para hablarnos de la poesía como epifanía, la honda nostalgia que siempre provocan las pérdidas, el retorno de los desesperados a una ciudad que hizo del paisaje su añoranza, los ojos, en fin,  del niño que fuimos y aún nos mira.
Un buen poema nace siempre en su autor, y termina de escribirse cuando le es ajeno y ya pertenece a todos. Y esa es la primordial y muy legítima ambición del poeta: encontrar a ese lector que, concernido por lo escrito, deja el libro cerca para volver sobre él cuando su corazón disponga. “La poesía es la marca que te delata”, tiene escrito Gary Daher, distinguiendo así “a los poetas de los probetas”. Celebramos la edición española de este libro que empezaba a ser urgente: Piedra sagrada como gozoso compañero de muchos nuevos lectores, que apreciarán el afán de innovación, el sentido del riesgo y el vuelo lírico de este poeta cabal en busca siempre de formas nuevas y nuevos caladeros. Porque, como tiene bien dicho, “si uno no se las juega, entonces qué”.

                                                                              RAFAEL SOLER  

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