lunes, septiembre 26, 2011

Hora del verdadero cambio

La violencia sólo engendra violencia. Es hora de reflexión. Honra a los valientes de la marcha del TIPNIS. Bravo a la ciudadana Cecilia Chacón, demostrando un sentido de ética que tanta falta nos hace.

1. Es imprescindible discutir el tipo de "desarrollo humano" que buscamos. En este siglo XXI, en el cual el dios tecnología nos tiene fascinados. Las máquinas metálicas y humanas corren por todas partes desesperadas a consumir y consumir. Es hora del basta.

2. Queremos una carretera que una el Norte con el centro. Bien, busquemos su costrucción sin mancillar ese maravilloso parque natural. Busquemos alternativas, rodeemos el parque, ninguna inversión adicional será excesiva si lo que se intenta es preservar la vida, en este caso consagrada en un Parque Nacional.

3. Hora es de parar la invasión de automóviles en las ciudades. ¿Por qué no transformar nuestras ciudades en ciudades de bicicletas?

4. Hora es de parar absurda producción agrícola que utiliza chaqueos y agroquímicos. Utilicemos los recursos del Estado para realizar una producción agrícola conciencial.

5. Hora es de parar la asquerosa producción televisiva. Construyamos una sociedad que pueda comunicar no la morbosidad sino la belleza.

6. Hora es de parar la fiesta por la fiesta, el alcoholismo. Retornemos al verdadero valor de la fiesta, que es la alegría del encuentro y no la búsqueda desesperada del desmadre.

7. No, de una vez por todas a la violencia gubernamental. Los ciudadanos no somos ganado, busquemos el diálogo, busquemos los espacios concienciales de encuentro. Basta de vendetas y de búsqueda de más y más poder destruyendo las posibilidades del otro. Mientras el otro pueda, hay la opción de construir.

BASTA

jueves, agosto 11, 2011

La tecnología y el desarraigo

En 1976, la revista Der Spiegel publicó, póstumamente, una entrevista con Martin Heidegger realizada en 1966. Aquí difundimos un interesante extracto de la misma que liga, a su vez, al extraordinario poeta René Char, donde el filósofo establece el desarraigo del hombre a partir de la tecnología. Pone como ejemplo fotografías tomadas desde la Luna, suponemos que se trata de la primera fotografía de la Tierra desde el Lunar Orbiter I, tomada el 23 de agosto de 1966. ¿Cuál sería su impresión si hubiese llegado a conocer la Internet y sus múltiples desarraigos virtuales, ahora, ya entrado con fuerza el siglo XXI cuando la Tierra ya no es la Tierra, y este acerto se nos hace cada vez más innegable?

"Todo funciona. Esto es precisamente lo inhóspito, que todo funciona y que el funcionamiento lleva siempre a más funcionamiento y que la técnica arranca al hombre de la tierra cada vez más y lo desarraiga. No sé si usted estaba espantado, pero yo desde luego lo estaba cuando vi las fotos de la Tierra desde la Luna. No necesitamos bombas atómicas, el desarraigo del hombre es un hecho. Sólo nos quedan puras realaciones técnicas. Donde el hombre vive ya no es la Tierra. Hace poco tuve en Provenza una larga conversación con René Char, el poeta y resistente, como usted sabe. En provenza se han instalado ahora bases de cohetes y la región ha sido devastada de forma inimaginable. El poeta, que no es precisamente sospechoso de sentimentalismo ni de glorificar el idilio, me decía que el desarraigo del hombre, que está sucediendo, es el final, a no ser que alguna vez el pensar y el poetizar logren alcanzar el poder sin violencia."

jueves, julio 28, 2011

Wilson Rocha

Gracias a Floriano Martins he llegado a la poesía de Wilson Rocha, un poeta nacido en Cochabamba, Bolivia, y que se trasladó en la década de los cuarenta, lo que quiere decir con un poco más de veinte años, a Salvador de Bahia en Brasil. Los poemas que Wilson Rocha publicó son todos en portugués. Emprendió una enorme actividad literaria y realizó labores permanentes de crítico de arte en el Brasil, luego, podemos afirmar que su vitalidad es brasileña, y así debería ser considerado. Un hombre es su vitalidad, esa es, al menos, su principal pertenencia, si es que de pertenencias hablamos, pues el verdadero hombre no pertenece a ningún lugar, si no que es habitante del cosmos infinito.

Aquí he intentado traducir (toda traducción es un ensayo) tanto la semblanza de Wilson Rocha (1921-2005) escrita por Pedro Moacir Maia, así como algunos de sus poemas.

A propósito, diremos que Pedro Moacir Maia (2029-2008), autor de la semblanza es un brasileño, originario de Bahía. Fundó en 1950 Diademe su pequeño sello editorial, y fue director del Centro Brasileiro de Cultura en Buenos Aires y luego en Santiago de Chile.

Disfrute el curioso lector de este blog esta semblanza.

WILSON ROCHA
(1921 – 2005)
Por Pedro Moacir Maia

Poeta de calidad y crítico de arte, militante, desde que llegó al Salvador, en la década de los 40, Wilson Rocha publicó sus primeros Poemas en 1946, haciéndose notar por sus compañeros de generación; con Cláudio Tavares, Vasconcelos Maia y Darwin Brandão, fundó Caderno da Bahia, revista y movimiento que entre 1948 y 1952 contribuyó al cambio de mentalidad y rumbo de las letras y artes en la región.

Su segundo libro, O Tempo no Caminho (El tempo en el Camino), es de 1950, y viene con ilustraciones de Aldo Bonadei, quién había expuestos meses antes en Salvador. Fue en esa época que Wilson Rocha comenzó a hacer crítica de arte en A Tarde, convidado por el director de ese entonces, Ranulpho de Oliveira. Colaboró también asiduamente en el extinto Diario de Notícias y en revistas de Salvador, de Río de Janeiro y de San Pablo. Vivió algún tiempo en esta última en 1959, y en Río en 1974, manteniendo las mejores relaciones con otros poetas y críticos y con artistas locales. Una estadía anterior en Buenos Aires, de algunos meses en el segundo semestre de 1957, a donde se dirigió por razones de salud, le permitió conocer las obras primas del arte europeo en museos y en colecciones particulares. En la gran capital porteña estableció sólida amistad con varios artistas. Fue un viaje siempre recordado con encanto y nostalgia.

Livro de Canções (Libro de Canciones) fue el tercer volumen de versos, publicado en 1960 por la Impresa Oficial do Estado, en la Coleção Tule, creada por Nelso de Araujo. En seguida, llegó su cuarto libro, De tempo Soluto (donde los títulos de los versos vienen en latín), Lisbo, Morais Editora, 1963; finalmente, ante insistencia de sus amigos pernambucanos, reunió otras poesía en Carmina Convivalia, Recife, Edições Pirata, con ilustraciones de Ismael Caldas.

Amigos y admiradores consideran A Forma do Silêncio (La Forma del Silencio) la mejor introducción al conocimiento de la producción poética de Wilson Rocha: una antología editada en Rio de Janeiro, enriquecida por fotografía, dibujos y facsímiles, con apoyo de la Fundação Cultural do Estada da Bahia. Sin embargo, más completa es Poesia Reunida, publicada por la Biblioteca Nacional, en 2002, en Rio, con un texto de João Carlos Teixeira Gomes, O Lirismo de WR (El lirismo de WR).

MUJER EN LA VENTANA

Mujer en la ventana, floreciendo.
Un largo sueño, fuera del mundo
tocando los confines del silencio
alejándose del amor
y del placer de las cosas.

PULCHRA SUNT ENIM UBERA

La lividez de los senos desnudos,
Dulcemente elevados
Libres para temblar.
Senos erguidos, lanceolados,
que se elevan
como olas del mar.
Senos turgentes,
forma depurada, antigua.
senos almendrados, bellos
como las ubres de las cabras.

HORTUS DELICIARUM

Revivir aquella alma sutil y mágica
como si viviese en otra época
con el esplendor del fruto cerca de los labios
y la gracia de la magia hecha de voz y hecha de canto.
Como si oyera todavía su voz
o como si encontrase un rostro que me recuerde al suyo.

DE PROFUNDIS

Donde la arcilla
restituye la forma,
más allá de los abismos,
extintos los velos,
modulando
el origen de las fuentes,
los amantes muertos,
rígidos de silencio,
se acuestan
bajo el sueño de las raíces.

SPLENDOR FORMAE

La levedad, la magia de los cabellos
y la forma de los senos, pura y concisa,
y el silencio de la inmóvil soledad
como si, adormecida, indagase
la naturaleza del encantamiento.

CANCIÓN DE LA FLOR EN LA TARDE
a Maria Ângela

Límpida transparencia,
en el cristal del día
rútila flor,
secreto y armonía.
Sueña el azul
y el rojo arde,
rútila flor,
corazón de la tarde.

jueves, julio 14, 2011

Mar para cual

Alta traición

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.


José Emilio Pacheco



Madre nutriente, imposible pezón del planeta, aquella poderosa distancia sin distancia, el mar, universo de universos, el mar con playa, el mar masculino que golpea contra el risco, el mar de los inmensos iceberg, el mar mar, no pertenece a nadie.

Recuerdo la vez en que frente a frente he sentido la mirada del mar y he soportado su examen de hondura, que penetra más allá de la desnudez más desnuda, más allá del corazón, lugar en el que somos y también no somos nada. Nadie sabe cómo comportarse con semejante inquisición. Y después uno se sienta sobre la arena, toma una caracola, la coloca en la oreja y oye quedamente el susurro del mar, que también ama. Y ama tan violentamente que puede llevarse alma y todo a una población entera de súbito y sin permiso. A eso se le ha llamado Tsunami, y yo no sé porqué, pues tales actos no tienen nombre. Se dan porque se dan, son parte del mar. Aquella vez, en un arrebato de coraje, le he preguntado su nombre al mar. Y en lugar de respuesta se hizo un silencio. Un silencio de mar. Entonces supe que su nombre es sagrado y si se lo llama cómo se lo llama, o sea, mar, es para tener algo que decir, para sentirnos poderosos, a sabiendas que tal poder, en todo caso, le pertenece al mar.
Pero los hombres somos tercos y queremos poseer las cosas, sin saber que son las cosas quienes nos poseen, para luego tomarnos levemente, agostarnos, y luego de nuestra muerte intrascendente, deshacernos en polvareda innominada, que irá a convertirse en parte de las cosas.

Sudamérica, júbilo que me endiosa el pecho, por prestarme del maestro la frase inexplicable, está rodeada de mar por todas partes. Y si uno vive en el centro del subcontinente, no puede pretender que se traslade el mar para que uno lo disfrute a su lado, porque para ese estrambótico propósito serían necesarias no sé cuántas dragas, e incalculables cantidades de obreros, y gran tecnología, como la que tienen los gringos, y no sé qué cantidad de contadores, auditores, y otros para averiguar cuántos recursos económicos se necesitarían; y no se podría realizar esa hazaña porque además, ya se sabe, que quién hasta estas tierras sube, y esto hablando del mar, le alcanza el soroche, que no es una enfermedad, ni una maldición, sino una manera de ser de la montaña, que al igual que el mar tiene sus modos y maneras, es decir, fuerzas que ni se imaginan, pero ese es otro cuento, que aquí no se puede incrementar.Así que así, no podemos tener un mar interior en Sudamérica, salvo que sea un mar de voces, que no es un mar de agua sino un mar hecho de una lengua común y que se construye hija del portugués, el castellano y el guaraní, y el quechua, y el aimara, y el araucano, y tantos otros idiomas sudamericanos.

En suma, no se preocupe el ciudadano de estos lares llamados Bolivia, cualquiera de nosotros, para llegar al mar, gastará más o menos lo mismo en hacerlo, sin importar que el mar se dibuje políticamente o no en las fronteras del Estado. En mi caso, no encuentro otra diferencia de estar en cualquier orilla de los mares que abrazan Sudamérica que la que pudiese existir en mi relación con los sistemas de control o aquellos llamados cuerpos de fuerza, quiero decir con armas, digo, policía o militares. Y la diferencia estriba en que unos me pedirán documentos y los otros me perseguirán por impuestos o para callarme la boca, que para algunos podría parecer sucia y detestable.

Que si se perdió una guerra. Todos los que participan pierden en una guerra. La guerra es estupidez universal, que invade a las masas como les invade el fútbol, un artista de moda o cualquier saltimbanqui que los conmueve a rabiar. Pero la guerra no es trivial, la guerra es el aparato del odio y la loba de la ambición de los poderosos. Los otros no saben por qué pelean. Les han hecho creer que son del tal o cual lado, cuando, hablando la misma lengua, en cualquier otra circunstancia, probablemente se hubieran encontrado en una cantina o en festejo comunitario con cualquier pretexto, y se hubieran puesto a beber hasta la madre y hasta casar a la hija, y cantar canciones comunes, y cuántas tonterías más propias de los humanos. Y ¿de qué estamos debatiendo? de dibujar fronteras. Hablando en plata, que es como se hablaba en Potosí, el boliviano, no es tan diferente del chileno que lo haga de otra patria. Hoy en día hay aimaras chilenos y aimaras bolivianos, citadinos chilenos y citadinos bolivianos, hombres y mujeres chilenos y hombres y mujeres bolivianos, todos sudamericanos. Todos con las mismas apariencias y diferencias. Apenas nos diversifican los paisajes, que así nos diferenciamos los sudamericanos de provincia en provincia.

¿A quién le conviene administrar tal región en lugar de otra? Al grupo de los poderosos. ¿A quién le conviene poner militares en tal o cual provincia? A los poderosos. ¿Y quiénes son los poderosos? Los que lograron con artimañas más o menos mentirosas manipular los votos de la mayoría, que siempre, desde que somos lo que somos, está conformada por electores ignaros de gobernarse a sí mismos; para luego encaramarse en eso que es el potro del Estado. Este es un asunto de los poderosos. Nosotros los desarmados pasamos los días con las engañadas ilusiones de un país imaginario, de una bandera imaginaria, de un mar imaginario.

Un día políticamente todo será una sola distancia, entonces se comprenderá que el mar siempre estuvo donde estuvo, esperando a todos para someterlos a su hondura, para casi como sin querer recibir su amor o su odio, y bañarlos, escudriñarlos, de vez en cuando entregarles algunos peces, o matarlos. Y esto sin discriminación de nada. Pues para eso no le preguntará el mar si usted es boliviano o chileno o de qué rincón llanero o serrano, simplemente estará como corresponde: gigantesco, maravilloso, atroz, monstruoso, líquido, impenetrable y salado. Pues todos queremos llegar al mar, que son las aguas espermáticas del planeta, ya que la vida, aunque usted no lo crea, surge en las aguas y vuelve a las aguas, en rito de alta magia, a las aguas primigenias de la Madre Natura.

Gary Daher

lunes, junio 20, 2011

Un libro y medio pan

En Septiembre de 1931, Federico García Lorca fue invitado a decir el discurso de inauguración de la biblioteca del Pueblo de Fuente de Vaqueros en Granada. Aquí copio esa locución por si alguno de nuestros pequeños Estados Sudamericanos (pequeños en alma no en tamaño) copia ese anhelo y comprende ese Norte. García Lorca, a quien Borges ignoró (el maestro también se equivoca para demostrarnos que es humano) es autor de versos profundos y poderosos, baste recordar el bellísimo libro "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías", o aquel "Poeta en Nueva York", que colocan al poeta en los más elevados cielos cervantinos.

"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

¨Quien no lee pudiendo y teniendo, se convierte en el ejemplo de la mediocridad y la lacra humana¨

viernes, abril 29, 2011

Apsara

José Lezama Lima nos introduce al mundo de lo mágico en cada instante de sus descripciones. Ahora se trata de una Apsara, la escultura así relatada nos hace recuerdo a la famosa The Sick Rose de William Blake. Podríamos estar presenciando según la visión de Blake a la delicada enferma del goce carmesí, mientras Lezama, gracias al cúmulo pasional del caribe, la muestra totalmente entregada (y acaso voluptuosa) a la tensión del encuentro con la amenaza.


"Veamos en una escultura del periodo helénico búdico, la dama de las manos finas, Apsara.
Un escorpión resbala por la canal voluptuosa de uno de sus muslos. Aceptamos la ley primera de esa escultura, lograr la afinación danzante de una de sus manos. Pero la otra mano, lejos de seguir el rastro tourmenté del escorpión, se cruza sobre el pecho, como sobrecogida de la serpentina perfección de una mano, del voluptuoso paseo del scorpio por la teoría rosa.
Su enigma fuera de causalidad habitable, parece reflejarse en su rostro, que contempla la penetración voluptuosa de una de sus manos, mientras es invadido por la otra deliciosa búsqueda del escorpión. Apsara, dama gozosa, se entretiene en el ritmo de sus dedos, mientras se sobrecoge al ver que es apetecida por la ajena voluptuosidad. Terror al sentirse en el centro de un ajeno destino, que tiembla. "

La cantidad hechizada (frag.)
José Lezama Lima

miércoles, abril 20, 2011

Voces


A continuación una carta que Alejandra Pizarnik envió a Antonio Porchia, autor de Voces, un libro que recomiendo para ser leído, dialogado, anotado, reflexionado, acaso contrastado y respondido, pero jamás ignorado.





Buenos Aires, 20 de Abril de (¿1963?)

Querido amigo Antonio Porchia:


¿Cómo hablar de lo indecible? Sólo por medio de las Voces. Sólo ellas han logrado hacer pleno este lenguaje, sólo ellas han sabido llenar de sangre las palabras y transformarlas en la Palabra, la única valedera. Si no mediara mi gran afecto por usted tal vez no le enviaría estas líneas. Una cosa es hablar de las Voces a un público anónimo y otra a su autor. No es posible ---por lo menos en mi caso--- explicarlas o comentarlas; sólo puedo decirle que mientras las leía, ellas ---que contienen todas las respuestas--- suscitaron en mí un eco silencioso que asentía dulcemente. Un eco como proveniente de tiempos inmemoriales, como si se refiriera a nuestros orígenes, a lo más hondo de la vida. Me sucedió uno de esos procesos reminicentes que sólo pueden llevar a los grandes y buenos encuentros. Y es a usted a quien se lo debo. Sus voces son de lo más puro y hermoso que se encuentra en el mundo. Y es usted quien las creó.
Gracias.

Suya

Alejandra Pizarnik


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