miércoles, mayo 07, 2008

El agua


La suprema bondad es como el agua. El agua todo lo favorece y a nada combate. Se mantiene en los lugares que más desprecia el hombre y, así, está muy cerca del Tao. Por esto, la suprema bondad es tal que, su lugar es adecuado. Su corazón es profundo. Su espíritu es generoso. Su palabra es veraz. Su gobierno es justo. Su trabajo es perfecto. Su acción es oportuna. Y no combatiendo con nadie, nada se le reprocha.


VIII Tao Te King



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miércoles, abril 30, 2008

La dura doncella

Si no se la trabaja, si no se le toma atención, en el trajín del olvido de sí misma, la casa, que es el alma, queda anquilosada; pues su dueño o dueña la preserva de la manera que les ocurre a las viejas casonas: infinidad de cuartos cerrados con muebles polvorientos, que nadie más usa, retratos de gente que nadie recuerda, alas de la casa que han sido olvidadas, lugares que ocupamos y que nos da bochorno exhibir, lámparas ciegas, ventanas tapiadas, rincones húmedos, basura arrinconada en muchísimos sitios para que parezca que existe algo más o menos decente. Estas habitaciones no queremos mostrarlas a nadie; nos dan vergüenza, pues nos ponen en evidencia. Y no queremos limpiar, y no queremos remozar, deseamos que la casa se quede como está: es una reliquia histórica y no se la debe tocar. Si alguna vez, ingresamos a una esfera diferente, entonces construimos un nuevo alero, este hábitat es relativamente agradable hasta que empieza a deteriorarse por el descuido, la nostalgia nos hace llenarlo de muebles y adornos que dejamos atrás, pero en cuanto transitamos con ese trajín, traemos basura de los cuartos oscuros, luego vamos tapiando las pocas ventanas, ocultando lo que repetitivamente se ha deteriorado, se ha ido llenando de moho, se ha contaminado por todas partes, entonces, barremos lo evidentemente sucio debajo de la alfombra, detrás de las paredes, por si alguien toca, quiere husmear y mira con ojos escudriñadores.

A eso llamamos fealdad. Lo feo no es antónimo de lo que produce la belleza, sino de la conciencia. Y la belleza no es el resultado de lo que produce lo estéticamente bello, la belleza es el fruto de los estados de conciencia. Belleza y conciencia tienen una gran relación.

Sin dejar de anotar que la conciencia es el filo de una espada, no de cualquier espada, sino de aquella rigurosa, la implacable, que pocos quieren cargar porque está destinada a cercenar lo inútil de nuestra monstruosa alma-casa; la espada, esa doncella dura lista para nuestro amor, pero de la cual nos alejamos negligentes y cobardes, sin comprender que esa lejanía es la que produce el dolor que todas las mañanas nos llama al despertar como una extraña angustia que no sabemos definir, depresión, molestia, amartelo, dicen, y que de un respingo nos amarga el día.

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jueves, abril 17, 2008

Biblioteca Familiar

La herencia de la humanidad es su sabiduría, y ésta se halla atesorada en libros. Se hace entonces importante que todas las personas puedan contar con una biblioteca en su casa.
Sin embargo, vale notar que el entorno familiar no es el mismo que el académico, aquí, en la acogedora llama del hogar se ingresa al mundo de lo íntimo, donde se presencia la personalidad de la familia. Así, la biblioteca familiar refleja esta personalidad. En ese contexto será prudente clasificar los libros: aquellos que son para los niños, los de literatura, los destinados a la consulta general, historia, geografía, economía, matemáticas, y otras ciencias, que bien podrían estar recogidas en enciclopedias, además de los útiles y diversos diccionarios y, finalmente, el lugar privilegiado, el de los libros primordiales o fundamentales y, por tanto, imprescindibles, que tienen que ver con lo esencial, esto último, más que por consejo, será el resultado de los años de lectura, y de la personalidad de la familia en particular.
En un hogar, son los niños los que mayor consideración merecen. Es altamente aconsejable que el padre y la madre, o el tutor, estudien con gran cuidado la selección de libros que sus niños leerán, estos libros deberían orientar hacia los valores humanos a través de historias que los interesen y los sensibilicen; por otra parte, sería atinado incluir libros que enseñen la historia de la humanidad y del país, región o patria; sin olvidar que imprescindiblemente los niños deben recibir libros con información y formación espiritual, y, claro, poesía, siempre poesía.
En ese contexto, simplemente a modo enunciativo nombraré:
El principito de Saint Exúpery, Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Caroll, La inteligencia de las flores y La vida de las abejas de Maurice Maeterlinck, Juan Salvador Gaviota de Richard Bach, El libro de las tierras vírgenes de Rudyard Kippling, La biblia del niño, aquel precioso libro llamado “El hombre que calculaba”, etc.
Nosotros tenemos uno de los poetas más hermosos para el público infantil, se trata de Oscar Alfaro, ese tarijeño que supo hablar en el lenguaje de lo mágico y de lo esencial, que siempre llega a los niños.
En la parte que corresponde a los adultos, se puede recomendar, en lo que a literatura nacional se refiere, las novelas Juan de la Rosa de Nataniel Aguirre, Siringa de Juan B. Coimbra, Aluvión de Fuego de Oscar Cerruto y Felipe Delgado de Jaime Saenz; en el género de cuento Sangre de Mestizos de Augusto Céspedes, Cerco de Penumbras de Oscar Cerruto, Embrujo de Oro de Adolfo Costa du Rels y El otro gallo de Jorge Suárez; y en poesía, la obra completa de Ricardo Jaimes Freire, Franz Tamayo, Gregorio Reynolds, José Eduardo Guerra, Oscar Cerruto, Jaime Saenz y Edmundo Camargo. En cuanto a literatura contemporánea se refiere, la lista puede resultar copiosa, sin embargo, puede el lector guiarse, a través de los premios y menciones de los diversos concursos nacionales de literatura, donde destacan, el Premio Nacional de Novela Alfaguara, que publica esta editorial, el Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal, que publica Plural Editores, y el Premio Nacional de Cuento Franz Tamayo, publicado por varios, actualmente por la editorial Gente Común, sin descuidar que fuera de estas guías existen otros escritores de mucho valor que no participan en concursos, para lo cual, el lector interesado puede seguir los comentarios de las revistas nacionales de literatura, tales La Ramona, La Mariposa Mundial, Signo, Alejandría y otras, así como los suplementos culturales de los diarios, a pesar que en nuestro país son cada vez más escasos y, muchos, descuidados.
En cuanto a literatura universal se refiere, las recomendaciones serían interminables; sin embargo, yo aconsejaría que el lector se provea de la colección de libros de Jorge Luis Borges, que es un gran maestro de lectura, es decir, que a través de sus libros podemos llegar a una gran parte de los autores de la literatura occidental, sin temor a equivocarnos.
Aunque vale la pena recalcar que la biblioteca familiar debe contar con una buena sección de poesía, pues la poesía abre el alma del lector y lo lleva a la trascendencia, que es de lo que aquí se trata. Y si el objetivo es iniciarse, armar el primer esqueleto, no dudaré pues en recomendar la lectura de Fernando Pessoa, C.F. Cavafis, Wislawa Szymborska, Rainer María Rilke, T.S. Eliot, Charles Baudelaire, San Juan de la Cruz, Miguel Hernández y para los que quieran peso mayor, La Comedia (llamada La Divina Comedia) de Dante Alighieri.
En otras áreas del saber humano, sin relación con la literatura, recomendaría contar con La Biblia, Reportajes de la Historia de Editorial Planeta, Imitación de Cristo de Tomas A. Kempis, Tao Te King de Lao Tsé, Biografías de diversos personajes, Catálogos de pinturas. Repitiendo que en una biblioteca familiar no debería faltar alguna enciclopedia, de ser posible La Enciclopedia Británica, y la Summa Artis publicada por Josep Pijoan
Ahora bien, no sirve de nada comprar libros, ni siquiera sirve de nada leerlos, lo que importa es motivar al ser humano a mirar más allá de su cotidianidad, es decir motivarlo a detenerse y reflexionar. Ésta es la única manera en la que podemos lograr que el hombre se inquiete, deje de ser una máquina mecánica destinada a hacer dinero, a buscar un espacio para la parranda, o desgañitarse gritando tratando de desahogar sus decepciones con discursos políticos repetitivos, y se ocupe verdaderamente de trascender, entonces, podemos estar seguros que buscará los libros, aprenderá a seleccionar los que le sirven, a desechar los innecesarios, a analizar los dañinos, a disfrutar los hermosos, y a beber los esenciales.

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jueves, abril 10, 2008

Testamento


La tarde se oscurece llena de mariposas de oro
como una avalancha de hojas arrancadas al verano.
Así recibo fuerte fin a tu lado en el valle alto
ya se oye a mi muerte –crujiendo- llegar en gran caballo.

Nací, Octavio Alas de Canedo, señor de Lobo Rancho
y hasta donde van nuestras miradas son mías las chacras
también las mujeres de grandes y prodigiosos pechos
y los peones que llevan el trigo en sus espaldas de indio
de mí los caseríos, las sendas, los violentos ríos
entre las quebradas, la miel y los enjambres de abejas.

¿Ves cómo son los muchos vientos que arrastran a los hombres?
Nada queda y me queda todo: el mundo se va cerrando.
Abre las ventanas, que entre el alud negro de agua y tiempo
y se lleve mi garganta que cantó por un momento
la navaja de la ausencia, el cruel juego de la palabra
tu piel tan nueva y el reír y las voces de los muertos.

En los nombres que me precedieron, títulos muy nobles
lee Jaime, Franz, Edmundo, José Eduardo, Oscar y Ricardo
Arturo Borda, ávido por los ácidos de La Paz
cada uno oculto en la capilla de Santa Vera Cruz.

Cuida que éste, aún mi cuerpo, ocupe un lugar entre esa gente
para que las cenizas guarden de mí la inútil seña
de gran fama y tesoros y fuego y memoria y olvidos.

Pues nadie conoce cómo será el golpe de la muerte
y uno camina perdido entre los días, chato o grande
escribiendo el rol de un papel que en sí representa fiero
por ser el mismo aquel que le dijeron, o sea, Octavio
y si no ¿qué o quién puedo ser, mejor que Alas de Canedo?

Morir creyendo que al cortarse el hilo todo es eterno
las agujas y el sonido de la luz contra mis ojos
el martes que te amé en la casa de la calle Argentina
el abrazo de mi padre, las buenas noches de enero
y sin tocar la luna, vida dada como humo ciego.

miércoles, abril 02, 2008

Pez de Piedra


El día jueves, 27 de marzo, en los salones del Centro Simón I. Patiño Santa Cruz, presenté el poemario Pez de Piedra de Paura Rodríguez. Copio aquí lo que dije en esa oportunidad:


Leer es un acto subjetivo, subjetividad que se pronuncia mucho más cuando esa lectura es una lectura de poesía. Se trata de penetrar en el mundo del poeta a través de la escritura, pero este ingreso no tiene más llave que aquella que traemos en la alforja, y cuyas muescas y códigos están hechos del bagaje de nuestras experiencias y lecturas anteriores. Leer, pues, es una aventura en la que el mundo del otro emerge en volúmenes y sombras debido al lenguaje y que luego se pinta con la luz de nuestros colores. Este paisaje emergente será entonces uno osado y nuevo, porque no es precisamente el que fue creado por el escritor, quien hace la propuesta, germinando diferente, enriquecedor y fértil para el lector, a pesar de que éste ha puesto mucho de sí para recrearlo, y eso precisamente es el que lo hace incorporarlo a su cultura, a su ya transformada subjetividad, gracias al texto.
De esta manera es como enfrentamos Pez de Piedra.
El libro se presenta en tamaño media cuartilla, y trae en la tapa la sugestiva imagen de una laguna o arroyo. El agua está cubierta de hojas que flotan sobre su superficie, hojas plateadas, y por sus variadas formas suponen procedentes de árboles de diferentes especies; bajo la superficie, y a nuestro alcance, flota un pez de apariencia antediluviana, el pez tiene colores dorados, a pesar que la cola se hace plateada en armonía con los colores del conjunto. Diremos, además, que la imagen del agua se pierde, y va más allá del libro. Esta portada no es casual y sí se convierte en visión referencial de la lectura, como sugiriendo que los poemas parten de las experiencias de la poeta, en meditación delante de los estanques, de los arroyos, de las lagunas, en fin, delante del agua, y los diversos elementos que la componen en su múltiple escritura.
Pez de piedra está compuesto de poemas sin título, y que los encontramos distribuidos en tres partes.
En la primera parte, o Pez de Piedra Uno, como titula se plantean las preguntas del trabajo poético, preguntas que no se formulan sino como un asombro, como el descubrimiento de lo oculto. Este presentimiento, esta revelación, se produce gracias al afuera. En él se presiente el entresijo del alma, que tiene que ser esencial (los huesos), y el lector se sorprende con un diálogo interior, pues la poeta le habla a la voz poética, mientras su cuerpo se estremece ante ese misterio, que se insinúa gracias a los pequeños detalles, la tarde, el té, la piedra, el agua, los geranios.
En este diálogo interior, descubrimos dos voces, el narrador poético, y el alma poética a quién se le habla. Es decir ocurre un desdoblamiento en dos personas el yo y el tú, revelados en el siguiente fragmento:
“me digo a mí misma estas cosas
que no son siempre las mismas
y son casi siempre el agua.”
Y ese tú es uno que no hace parte de las alegrías básicas y femeninas: “No podré verte esta tarde / cuando transcurra mi sombra entre flores que aman / los niños”. Se diría más bien que el estado es neutral “No hay tristeza ni alegría: / hay un estar extraño que hace conmigo / lo que las migas de pan / cuando estoy lejos de casa.”
Para que el lector tenga cartografía en este universo, diremos que la casa es el punto de referencia, mientras que la voz (es decir, la voz poética, la voz que dice los poemas desde el interior de la poeta) es a la que se le habla, y la que se aleja cuando se está lejos de los huesos, es decir, de lo esencial.
“Sé que estos huesos
Me serán ajenos de pronto
Y me son ajenos ya,
Ahora,
Cuando estoy más lejos de mi voz.”
En la segunda parte, o Pez de Piedra Dos, hace su aparición la conciencia del cuerpo, pero que va más allá de lo femenino, porque se habla de la herida hermética, impenetrable. “En algún rincón de mi cuerpo / hay una herida hermética, / un dolor que se manifiesta como invierno”.
El cuerpo se descubre material: “Mi cuerpo es de madera, / de mental, / de piedra, / de harapos.” A partir de este nuevo elemento, agregado al primero, al afuera, se desarrolla el misterio planteado inicialmente, y se ahonda adentro de la reflexión poética. Hay una inquietud por descifrar las letanías, los secretos que emergen como un anuncio que llega pero que no puede develarse, situación que produce miedo. “No puedo destejer esta lentitud: / mi frente apoyada, / mi mano ausente. / Es el miedo.”
La poeta descubre que si bien el misterio se ha provocado por el afuera, es el cuerpo quien guarda el misterio: “Cierro los ojos / y transito cada tramo de mi cuerpo, / palpando / una infinita oscuridad / que me ahoga.”
Ese desdoblamiento del Pez de Piedra Uno, no puede realizarse sin poesía. “Deseo poesía para mis dedos / para lavarme los pies. / Para desvestirme de mí / y hablarme de lejos.”
La búsqueda de su alma puede ser confundida, mal interpretada por el mundo exterior “Mientras yo te buscaba, / confundieron / nuestros ritos / con las flores dormidas.”
Pues ese espacio se prefiere en un contexto ajeno a la identidad mundana, se procura algo diferente al nombre propio, donde existe un divorcio entre la esencia y el nombre: “Me llamo por mi nombre / y mi nombre pregunta por mí. / Prefiero una lluvia diferente.”
Sin embargo, esta búsqueda poética requiere de ritos y los ritos llenan el poemario, pero son lo que son: poesía: “Para besar las piedras me preparé un siglo. / No hubo lágrimas, / ni risas, / ni palabras.”
Así, desbautizado, el ser poético está perdido en el lenguaje, y se pregunta: “¿Cómo sabré reconocer mi fuego / en medio de tanto murmullo?”, para responderse inmediatamente:
“Vendrán los otros / a jugar con nuestros signos”
Apostando por aquellos que realizan el acto de leer: nosotros, los lectores, y así ocurra el reconocimiento, que se pide vaya más allá del nombre, es decir, que llegue al alma, al misterio que en estos versos se insinúa.
Como hemos visto, el desnudarse del ser poético va más allá de la identidad o de su nombre, pero, a último momento de Pez de Piedra Dos, ese desnudarse se ve afectado por el pasado, pues “Hay días en los que soy un reflejo de agua. / Me descubro atrapando un papel, / rebuscando en la tierra un recuerdo extraviado.”
Trasladada por ese acto de memorias desde el agua a la tierra, buscar en la tierra será entonces salir del estado poético, ingresar en lo material, en lo térreo.
Dejando al lector en la duda de si el caminar, el morir de la identidad, exige también la muerte de la memoria.
En la tercera parte, Pez de piedra Tres, la poeta da el salto para el que nos estuvo preparando, el salto a la meditación profunda, ya sin el ropaje del nombre, ni del cuerpo, ni del pasado: el estado de la meditación por causa del silencio:
“Este es un intento de caer al fondo de la soledad más / pura: / el de no hablar.”
Cuando el ser poético deja de hablar. Observa. Así los días se hacen impecables. “Los días son como un pañuelo bien planchado donde las moscas no se atreven.”
A partir de allí “Hablas sin repetir los miedos,”. Y hay un retorno a la simpleza, el fin del viaje es el comienzo del viaje, enriquecido; un Ítaca recuperada después de la guerra y la experiencia de la andanza.
En este nuevo espacio, la cotidianidad doméstica ha sustituido la necesidad de la erudición. “Es aquel olor a libros. / (a polvo de antes) / el que ya no está, / el que ha desaparecido para siempre.” Y no solamente el ritual cotidiano y doméstico, sino de patios, “Amo los geranios. / las piedras, / la luz temprana que guarda silencios.”
Finalmente, me atreveré a señalar que este libro, no es otra cosa que el desarrollo de un poema fundamental que viaje y regresa constantemente, poema que aparece como colofón del libro:
¿Qué será de estos huesos que ignoro,
que no veo,
que son como mi alma?

¿Qué será del alma que ignoro,
que no veo,
que es como mis huesos?

¿Acaso habrá una forma de llegar al agua,
de romper los muros sin estruendo?

Huye la palabra como un pájaro asustado,
desaparece,
como desaparecen sus huesecillos misteriosos.


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jueves, marzo 27, 2008

Ceguera permanente

En 1854, Franklin Pierce, presidente de los Estados Unidos en el periodo que fue de 1853 a 1857, trató de comprar las tierras de una tribu piel roja. El jefe Seattle (1786-1866), lider de los Suquamish y Duwamish, habría respondido a Pierce con un discurso de al menos media hora. El Wikipedia nos ilustra las circunstancias de este hecho.

Este discurso fue mencionado por el Dr. Henry A. Smith en el Seattle Sunday Star en 1887. Es comúnmente conocida como Respuesta del Jefe Seattle debido a que era un discurso que contestaba al Gobernador Territorial Isaac I. Stevens. Aunque no hay duda de que el Jefe Seattle dio la charla, se pone en duda la exactitud del relato de Smith. Y aun más lo son los posteriores relatos que derivan del de Smith. (Speidel, 1978, 169-70)

Pese a que se sabe que Smith acudió a escuchar la alocución, este no hablaba el idioma Lushootseed del Jefe Seattle, y hay cierta incertidumbre acerca de qué cantidad fue acaso traducido incluso al Chinook en ese momento. Según la National Archives and Records Administration (Administración Nacional de Archivos y Registros), "La ausencia de toda evidencia contemporánea...crea dudas acerca de la precisión de la capacidad de reproducción del Dr. Smith en 1887, unos treinta y dos años después del presunto episodio. Por ello es imposible...ni confirmar ni desmentir la validez de este...mensaje." Ciertamente, la retórica que engalona la versión de Smith es suya y no del Jefe Seattle. Muchos de los conceptos y las palabras presentes en la versión de Smith sería difíciles de expresar en Chinook, y parece claro que la interpretación de Smith posiblemente captura el estilo de Seattle, más que sus contenidos específicos. Aunque el contenido del discurso está en duda, testigos contemporáneos están de acuerdo en que tuvo aproximadamente media hora de duración, y que, durante todo el tiempo, el Jefe Seattle, un hombre alto, tenía una mano en la pequeñísima cabeza del Gobernador Stevens.

William Arrowsmith editó una segunda versión del discurso en lenguaje contemporáneo en los años 1960. La charla volvió a ser famosa otra vez cuando una tercera versión comenzó a circular por la década de 1980. Joseph Campbell, con Bill Moyers (1988, pp. 32-34) citó el discurso del Jefe Seattle. La versión más reciente guarda poco parecido a la antigua. Es fruto del trabajo de Ted Perry, un guionista para la película de 1972 sobre ecología llamada Home. Esta versión trata al Jefe Seattle como un visionario ecologista anticipado a su tiempo, hablando sobre el conocimiento de su gente en el funcionamiento de la naturaleza. Esto condujo a que se convirtiese en un modelo a seguir del movimiento ecologista (justificadamente o no). Una interpretación acortada de la tercera versión también está circulando.

Hayan sido esas las palabras exactas del Jefe Seattle, o no, su grandeza es innegable. Copio el documento para su necesaria difusión:

¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento, ni aun el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida. Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas ¿Cómo podrán ustedes comprarlos? Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los oscuros bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto es sagrado a la memoria y al pasado de mi pueblo. la savia que circula por las venas de los árboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas.

Los muertos del hombre blanco olvidan su país de origen cuando emprenden sus paseos entre las estrellas; en cambio nuestros muertos nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra, puesto que es la madre de los pieles rojas. Somos parte de la tierra y asimismo ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, el gran águila; éstos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia.

Por todo ello, cuando el Gran Jefe de Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos está pidiendo demasiado. También el gran Jefe nos dice que nos reservará un lugar en el que podamos vivir confortablemente entre nosotros. El se convertirá en nuestro padre y nosotros en sus hijos. Por esto consideramos su oferta de comprar nuestras tierras. Ello no es fácil, ya que esta tierra es sagrada para nosotros,

El agua cristalina que corre por ríos y arroyuelos no es solamente agua, sino que también representa la sangre de nuestros antepasados: Si les vendemos la tierra, deben recordar que es sagrada, y a la vez enseñar a sus hijos que es sagrada y que cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuenta los sucesos y memorias de la vida de nuestra gente. El murmullo al caer el agua es la voz del padre de mi padre. Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed; son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos.

Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también lo son suyos, y por lo tanto deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. El no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño, que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y una vez conquistarda sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle. Les secuestra la tierra a sus hijos. Tampoco le importa. Tanto la tumba de sus padres como el patrimonio de sus hijos son olvidados. Trata a su madre la tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás sólo un desierto. No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ni hay sitio donde escuchar cómo se abren las hojas de los árboles en primavera o cómo aletean los insectos.

Pero quizá también esto debe ser porque soy un salvaje que no comprende nada. El ruido sólo parece insultar nuestros oídos. Y después de todo. ¿Para qué sirve la vida si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque? Soy un piel roja y nada entiendo. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aromas de pinos.

El aire tiene un valor inestimable para el piel roja ya que todos los seres comparten un mismo aliento, la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire. El hombre blanco no parece consciente del aire que respira; como un moribundo que agoniza durante muchos días es insensible al hedor. Pero si les vendemos nuestras tierras deben recordar que el aire nos es inestimable, que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene. El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida, también recibe sus últimos suspiros. Y si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben conservarlas como cosa aparte y sagrada; como un lugar donde hasta el hombre blanco pueda saborear el viento perfumado por las flores de las praderas.

Por ello consideramos su oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, yo pondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.

Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo cómo una máquina humeante puede importar más que el búfalo al que nosotros matamos sólo para sobrevivir. ¿Qué sería del hombre sin los animales? Si todos fuéran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual. Porque lo que suceda a los animales también le sucederá al hombre. Todo va enlazado.

Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con la vida de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra les ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos. Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo va enlazado. Todo lo que le ocurra a la tierra les ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace así mismo

Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo, queda exento del destino común. Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizá el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que El les pertenece, lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. El es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable para El, y si se daña se provocaría la ira del Creador. También los blancos se extinguirán, quizá antes que las demás tribus. Contaminen sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos.
Pero ustedes caminarán hacia su destrucción rodeados de gloria, inspirados por la fuerza del Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja. Ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos por qué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlantes. ¿Dónde está el matorral? Destruído. ¿Dónde está el águila? Desapareció. Termina la vida y empieza la supervivencia.

El texto del jefe Seattle ha sido extraído de la Carpeta Informativa del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

lunes, marzo 17, 2008

Reconocimiento a Patricio Latapiat

El pasado jueves, 13 de marzo, se cumplió un acto de reconocimiento a Patricio Latapiat, consul de Chile, en los salones de la Universidad NUR de esta ciudad de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Fui invitado a participar del evento, pero las fuerzas que controlan los días han evitado que así sea. Sin embargo, existiendo este medio, no quiero dejar la oportunidad de copiar el texto que tenía preparado para esa ocasión, así como los poemas elegidos:

Reconocimiento a Patricio Latapiat

Conocí a Patricio Latapiat a principios del 2004, en una hermosa reunión de tres: Patricio Latapiat, Cónsul de Chile; junto a nuestro dilecto amigo, ahora gran promotor cultural, Oscar Gutiérrez y el que aquí habla. Allí, albergados por la amable comodidad de la terraza del café Saint Honoré, en la clásica avenida Monseñor Rivero, se prefiguró el homenaje que se haría al centenario del nacimiento de Neftalí Ricardo Reyes Basoalto, Pablo Neruda. Homenaje cuya cúspide se consolidó en esta Casa Superior de Estudios, ya cálido y ardorosamente grabado en nuestra memoria.
A partir de allí, distinguí y seguí a Patricio por los laberintos de un abrazo monumental, el ir y venir de escritores, artistas, obras y mensajes culturales que han acercado en gran manera a los pueblos del quehacer cultural de Bolivia y de Chile; en este caso, centrado en ésta nuestra atareada ciudad aunque siempre pintada de flores y de verde, pariendo ahora un sin número de trabajos culturales, como corresponde a una metrópolis en evidente emergencia.
No es pues casual este acto, si no el justo reconocimiento a una labor penetrante y bien intencionada, demostrando que las mejores embajadas son aquellas que acercan entre los hombres a lo mejor que estos tienen para mirarse a los ojos y reconocerse pares, quiero decir, la cultura, el arte.
Muchas gracias Patricio, muchas gracias Chile, deseamos que los próximos embajadores tengan el mismo esfuerzo y las mismas ganas de aliviar la distancia que inopinadamente nos separa.
Hoy, se me ha pedido que lea un par de poemas. Y me parece pertinente escoger precisamente al chileno Pablo Neruda y al boliviano Oscar Cerruto, grandes poetas de nuestra patria sudamericana, aún en ciernes, todavía en germen secreto, pero de futuro cierto, como la soñaron estos vates.

Tango del Viudo
Pablo Neruda

OH Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia,
y habrás insultado el recuerdo de mi madre
llamándola perra podrida y madre de perros,
ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer
mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre
y ya no podrás recordar mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas,
sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún
quejándome del trópico de los coolíes corringhis,
de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño
y de los espantosos ingleses que odio todavía.
Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola!
He llegado otra vez a los dormitorios solitarios,
a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez
tiro al suelo los pantalones y las camisas,
no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes.
Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte,
y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses,
y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene.

Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde
el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras,
y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina
acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie:
bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces,
de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre,
y la espesa tierra no comprende tu nombre
hecho de impenetrables substancias divinas.

Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas
recostadas como detenidas y duras aguas solares,
y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos,
y el perro de furia que asilas en el corazón,
así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora,
y respiro en el aire la ceniza y lo destruido,
el largo, solitario espacio que me rodea para siempre.

Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración
oída en largas noches sin mezcla de olvido,
uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo.
Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa,
como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada,
cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo,
y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma,
y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente
llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos,
substancias extrañamente inseparables y perdidas.



La mano en el teclado
(y la otra en los dientes mordida)


..............................Texto para una cantata
................................................en memoria
............................... de Humberto Viscarra


Que pronto he quedado solo,
como un ciego en la tiniebla,
solo,
como esperando a nadie
(que no llega).

¿Pero acaso no estuve
siempre solo en la vida
vanamente esperando esa palabra
que ignoro?

Ni siquiera la lluvia
me hace aquí compañía.
El frío sí
el de siempre,
el frío y la costumbre
fácil de la tristeza.

Parado al borde de mí mismo
a la espera
de una señal, una máscara
(que no llegan)
sabiendo
que el tiempo corre ahora
debajo del tiempo.

Y no hay otra presencia
que las calladas estrellas.

¿Por qué no invitar a la Muerte
a cenar? Buenas noches, señora.
¿Fatigada?
Arduo trabajo el suyo.
¿Le sirvo un poco de cielo?
¿Champaña, rosas,
luz lunar?

Comprendo que la irriten
las flores.
¿Para qué flores
si, de algún modo,
allí donde usted llega
provoca tumultos
de pesados aromas
que su implacable
helada mano
casi en seguida
pudre?

Tal vez pueda ofrecerle
mi corazón, señora,
o mi alma, si la vida,
la horrible vida
algo ha dejado.

No pedí nada
quise muy poco,
les di mi vida
y eso era poco.

Pero también pude ver
que no toda soberbia
es victoria,
y que en el canto
canta el espíritu
con lengua
más que el bronce.


Sólo quería que caigan
la falsía y la ficción
y entrara el mar,
el ancho mar,
ya libre
de su cansado batallar,
en todo corazón
vejado.

Ah pero el arte es largo, largo,
la vida corta,
¿no es verdad, viejo Machado?,
“y a nadie al final le importa”.

Una copa.
¿La vida es otra cosa
que una copa?
Que siempre está colmada,
que siempre está vacía.
Una copa que ríe,
una copa que llora.

¿No bebe usted, señora
Muerte?
¿No le tienta el demonio?
Una copa
y el mundo,
el pobre, pobre mundo,
idiota mundo idiota,
se borra como un sueño.

Una copa de tedio
o una copa de sueños.

Quería que el sol
para todos se abriera
como un árbol
de prodigio.
Que para mí se cierre
a mí solo me incumbe
y no interesa.

Doble desgracia
haber nacido
bajo este sol
y ser artista.
Una mano posada en el teclado
y la otra en los dientes
mordida.

(Pobre país
o pobre yo,
todos nosotros,
en este inmenso
país tan nuestro
y tan ajeno.)

Por qué no fui árbol,
por qué no nube
o espuma acaso?
Fui hombre
y me olvidaron
y luego me borraron.
¿O yo los ignoré
y así los expulsé
del mundo?

Pobres todos nosotros.

Ahora todo ha callado.
La Muerte cerró la puerta
Y estoy de nuevo solo.

Las plazas y las calles,
la oscura calle sola.
El piano, la mesa,
mis bufandas.

Solo con lo dicho,
lo que dejo dicho
como herencia atareada
y fugaz.

¿O ha sido todo un sueño,
una centella irreal
que la Muerte sostiene entre los dedos,
nada más?


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