miércoles, mayo 24, 2006

Sueño e inminencia

Pastorcillo de tierra adentro iba en busca de un poco de agua para una lagartija que encontré casi muerta y, según mi criterio de ovejero, con mucha sed. Abandoné así el rebaño y me remonté por ariscas fronteras, pero este territorio me era desconocido, tan apartado iba y tan impulsado por mi piedad. En los espinales lastimé mi piel, la ropa que me cubría cayó en jirones, y tuve dolorosas heridas en los pies, pero nada me detenía; ni aun el vértigo mortal de la orilla de los abruptos despeñaderos que allí sucedían.

Así, molido y acezando, llegué hasta una charca de agua detenida. La voz en aquel lugar se perdía como abandonada, y así nadie podría negar que un amenazador silencio se enseñoreaba de sus escondrijos. El líquido encontrado tenía sabor a yeso. Y ahora era yo el que sentía sed. Había dejado de tener importancia el rebaño, y el recuerdo de la lagartija era como un mal sueño.

De esa manera ocurrió la noche, que es como un manto de frío, oscuro y vertiginoso, y supe del abandono. Hubiera podido regresar en aquel momento, pero no quise. Mi voluntad me mantenía amarrado a esta aventura de paredes húmedas; hasta que llegaste –sentí una lluvia y un fragor- mágica, descalza, presentida; y ante mi dormitar líquida e inminente, señora de cada arrecife, como los mares. Ahí fue cuando te vi, tejiendo y destejiendo. Entonces desperté.

2 Comments:

Blogger jorge angel said...

Creo que esto es lo mejor que hasta ahora te he leído, y a mi entender en este texto alcanzás el objetivo de tu enunciado: "Crear un lenguaje de cuerpo intenso, rara belleza e insólitas formas; oscuro y vivo como acaso sea lo profundo del mar."

Saludos

2:42 p.m.  
Blogger Torumano said...

Gracias, jorge ángel, por ser tan atento con mis conatos. Abrazos.

3:34 p.m.  

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