martes, febrero 07, 2006

Caracol detenido

Recibo un golpe de acetona en la cara. Impávida, la mujer del asiento delantero se limpia el esmalte de las uñas. Ese aliento tiene la memoria de las enfermerías, de las curaciones de las heridas. Yo miro las mías, no tienen forma de sanar, no puedo quitar la memoria de lo dañado así refriegue mi alma con litros de acetona. La cosa está ahí palpitante. Y uno se pregunta ¿qué es la cosa? ¿Qué es lo que duele? ¿Cómo es la herida? Entonces uno descubre que la herida es la perdida de la capacidad de lo nuevo. Pues, cuando crees que no estás preparado para lo nuevo, cuando consideras que no serás recibido por lo nuevo, el gusano retrae sus antenas y se detiene. Caracol detenido. Caracol maltratado. Caracol lineal y sin futuro. La mujer pide descender del microbús en la siguiente esquina. El olor a acetona se va con ella. Tengo la impresión que no consiguió sacar todo el esmalte, que le faltaba el del pulgar derecho, pues la vi atacar con la otra uña para apurar su limpieza. Descubro que el problema no es curar las heridas, descubro que el asunto es limpiar el esmalte de lo pasado dejando libres los actos para mirar con manos limpias las nuevas obras, los nuevos episodios con toda su belleza y con todo su dolor. ¿Y si todavía hay resabios? Paciencia, ya los terminaremos de quitar en la sala de espera del dentista, antes de su taladro y su terapéutica atormentadora.

1 Comments:

Blogger claudia peña claros said...

'Limpiar el esmalte de lo pasado', sí, podrás quitar el esmalte, pero hay algo que no es esmalte, que es pasado, y queda. No como una pintura, sino como marcas en tu cuerpo, la tristeza que ya ha aprehendido tu cuerpo, y que circula densa por las venas. Quitar el esmalte de lo pasado: ¿y si se te queda después el hedor acetona pegado?
¿Acaso es posible empezar de nuevo?

2:57 p.m.  

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