viernes, diciembre 02, 2005

Resh

Es allí donde todo se entrega: el mundo del poema. El prodigio de reedificarse y no ser. De esa manera el poeta imagina que le habla a la amada, pero la amada está hecha de frases; y en ese túnel es que se ama sin amar, como los duendes.

3 Comments:

Blogger claudia peña claros said...

Es mi cuerpo el que habla, Horacio. El teatro me enseñó a callar, para que sea él quien diga. Y entonces mi cuerpo dice desde su carne: no habla de nostalgia, sino de suspiros; no razona imposibles, refiere ballenas y océanos; no dice deseo, insinúa roces y humedades. Mi cuerpo es el mar, con sus mareas cambiantes y sus profundas oscuridades.

10:50 a.m.  
Blogger Sebastian Molina said...

Ama sin amar dices? Cómo duende que soy no puedo menos que refutarte. Si, amamamos amando, como aman los delfines. Cómo amo sus ojos. Como amamos a quien amamos, que tal como dices, está hecha de frases en ese territorio impredecible que es la poesía. Pero también, quien amamos, está hecha de ruido y de silencios. De mucho silencio. Y es solo ahí, justamente ahí, en el silencio, donde podemos pasar a amar, como amamos los duendes a quien amamos, completamente idealizada, totalmente vestida de palabras... en la poesía.

4:07 p.m.  
Blogger Torumano said...

Sebastián, existen dos aproximaciones amorosas: la del lenguaje, la que pretende garabatear con frases la imagen del otro, y sus propios miembros en busca de ese otro. Ese intento resulta ilusorio, pues en lugar de aproximarnos lo que hacemos es el ejercicio de construir al otro desde nuestro propio yo. La segunda sería la del cuerpo: el olor del cuerpo, la proximidad del otro cuerpo, su desnudez, esa instintiva sensación de que allí se esconde el secreto. En la aproximación del cuerpo no sucede la razón ni la construcción del lenguaje, solamente las interjecciones, los acezares y las invocaciones. El resto es silencio. Un silencio que clama por devorar al otro.

11:15 a.m.  

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