martes, noviembre 01, 2005

Arena

La sensación del cuerpo es de tal manera, que la incomodidad se centra en los genitales. Así la atención se reduce, todo el derredor nos agobia y no tenemos levedad. Solamente con la levedad llega la alegría del espíritu.

Es necesario escribir para obtener levedad. Cada palabra, cada frase nos extrae de ese centro ubicado en las bragaduras. Y requiere de concentración, de fuerza para desatar el nudo en el que nos hemos embrollado. Conozco, sé que hay un afuera donde podríamos ser felices, a pesar del vértigo. Pero, ¿quién podrá caminar hacia el afuera? ¿Cómo obtener valor, mantener la mirada, tener le corazón firme?

Todo lo humano nos traspasa. Tengo dedos, cierto. Tecleo. Escribo. Las frases se estacionan. Así mi desazón se inmoviliza replegada a cinco centímetros; cercana, pero al fin extraída de mí, arrancada. Adentro, paisaje blanco, ha quedado la soledad, limpia como el hielo hermoso de las barrancas. Con todo, aquello no permanece, perdura apenas un instante, precario como el poema, efímero como el lenguaje.

2 Comments:

Blogger Mar said...

tienes que ponerle una barrera a todas las palabras falsas que andan circulando por la nete, leí un par de libros tuyos, y me gusta tu prosa. grandes saludos, bienvenido!

8:51 a.m.  
Blogger Torumano said...

Gracias Mar, estaré atento a los comentarios intrusos. Es una alegría que visites mi blog.

4:20 p.m.  

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