miércoles, marzo 03, 2010

Cronología barbaresca de una traducción

Durante mucho tiempo, desde la vez en que Juan Carlos Ramiro Quiroga, mi compañero del Club del Café o del Ajenjo, nos refirió las posibles imágenes poéticas de aquel poeta latino que bajo el nombre castellano de Catulo decía amar tormentosamente, y cuya influencia habría afectado a Ovidio, tanto como al gran Horacio, no descansé para tenerlo cerca de mí. Tuve, sin embargo, en cada libro, que a duras penas conseguía, el tropiezo de que al leerlo en castellano sus versos sonaban torpes, trabados por palabras que desmerecían las imágenes que planteaba. Sospeché entonces que en latín esto no ocurría, y que los versos leídos en el original sonarían más bellos, o acaso simplemente más de otra manera. Claro que había, qué duda cabe, un gran obstáculo que resolver: yo desconocía el latín.

En 1998, ya en Santa Cruz de la Sierra, me propuse entonces intentar resolver aquella barrera, de modo que recurrí a aquel moderno aleph, el Internet, que parece contener, además de los despojos de Beatriz, un sin número de herramientas. Allí descubrí un curso de latín, se trataba del Study Guide To Wheelock latin, un texto con treinta y cinco capítulos que me permitió conocer lo más básico de aquella lengua. Luego, con osadía de enamorado, y sabiendo que toda lengua es oral, comencé por intentar oír el sonido que en latín tendrían los poemas de Catulo, que a la sazón ya estaban conmigo impresos en aquella antigua lengua, de acuerdo a los textos editados por E.T. Merril. Así me entretuve durante horas articulándolos, gracias a un documento que explicaba la pronunciación en castellano, adoptada a partir de la restauración del Canto Gregoriano, ocurrida en el siglo XIX, dentro de la Liturgia de la Iglesia, cuando los Papas aconsejaron que se adoptara la pronunciación romana del latín[1], y prepararon documentos como el que me sirvió para pronunciarlo.

Algunos meses estuve en este ejercicio para que el sonido llegara como si fuera un río gemebundo oculto bajo cautivadores lirios, esto mientras me dedicaba a la dura labor de los ejercicios del mentado manual de latín que en inglés me ofrecía un mundo lleno de variaciones. La lengua aquí se abría como un inconmensurable tratado de fórmulas gramaticales que permitía que las desinencias resolvieran en gran manera el entuerto de los modos. Atado como estaba, no iba a leer nunca a Catulo.

Tomé entonces una decisión bárbara. Recurrí al proyecto Perseo. El proyecto Perseo es uno que en la Internet nos muestra las diferentes características de una palabra en latín, ya declinada y compuesta, de esta forma uno se entera de sus posibles traducciones. Así me sumergí en el oscuro escenario de la traducción. Leía el verso en latín, daba con varias traducciones, y dejaba que ese horror fantástico me mirara con sus frases inhóspitas. Entonces me sumergía en la imaginaria voz del poeta, de Gayo Valerius Catullus, cosa que no aparecía, que rondaba, pero no llegaba, como si fuera un ritual de magia etrusca, en busca de encontrar la voz perdida.

Iba yo tratando de leer textos en latín de Cicerón, Virgilio con relativo éxito, hasta que tomé la Biblia en latín y empezó a fluir la cosa, porque en aquel caso el texto se aproxima muchísimo al castellano; gran puente, diría yo. Recurrí entonces a los misales, y finalmente me puse a cantar como un demente los cantos del Carmina Burana, orquestados por Carl Orff, repitiendo los tonos y versos del Fortuna Imperatrix Mundi donde fuera que me encontrase. Así fue ese periodo, pero la labor terminó por dar sus frutos. Finalmente empecé a sentir al poeta, como convocado, como forzado a regresar por ese aprendiz de chamán en el que me había transformado. Así que hasta el 2000 ya tenía traducidos nueve poemas amorosos de Catulo, y buscaba en cada rostro una Clodia que me hiciera soñar que eran ciertos.

Mi propósito fue el siguiente: si lograba hacer que los versos de Catulo sonaran contemporáneos, con brillo nuevo, mi objetivo estaba alcanzado. Tuve la peregrina idea que así sucedió, una tarde en que los decía en latín y en castellano, y creí que así ocurría: ludo mentis aciem.

Por último, convencido que el poeta tenía como principal preceptora a Safo, la notable griega, por amarla a su Clodia con el nombre de la maestra, decidí que bien valdría la pena obtener en nuestra lengua vernácula los versos de ella. Para esto fui más profano, recurrí a varias versiones del inglés, pero especialmente aquella de D.W. Myatt, y los puse en castellano.

Ya a principios del año 2005, mi amigo, el poeta Oscar Gutiérrez, hizo las gestiones para que se publicaran en un pequeño volumen con el auspicio de la Universidad Nur, de ninguna experiencia en ediciones literarias, y he ahí el resultado, pegujalero como el esfuerzo humano, grave como el destino de las moscas.

Así esta cronología barbaresca, llena de erudiciones que no deberían sorprender a nadie, pues cualquiera puede ser erudito si se toma el trabajo de navegar por la Internet. Amen de aquello, lo importante son los poemas, si son son y si no polvo de estrellas.

Dos poemas de muestra:

CARMEN CVII

Si cui quid cupido optantique obtigit unquam
insperanti, hoc est gratum animo proprie.
quare hoc est gratum nobis quoque, carius auro,
quod te restituis, Lesbia, mi cupido:
restituis cupido atque insperanti, ipsa refers te
nobis. o lucem candidiore nota!
quis me uno vivit felicior, aut magis hac res
optandas vita dicere quis poterit?

CANTO 107

Si de repente pasa algo que siempre anhelamos y quisimos
esto nos será íntimamente agradable para el alma.
De hecho esto es agradable y más estimado que el oro para mí
porque tú has vuelto a desearme, Lesbia
has vuelto a mí, esperada inesperada,
¡O día de la nota más blanca!
¿Quién será más feliz de lo que soy,
qué más puedo desear en la vida?

CARMEN LXXXV

Odi et amo. quare id faciam fortasse requiris
nescio, sed fieri sentio et excrucior.

CANTO 85

La odio y la amo. Me preguntas ¿cómo puede ser?
Yo no lo sé, pero siento que ocurre y sufro.


[1] La labor de estudiar y recuperar estas fuentes fue llevada a cabo por un grupo de monjes benedictinos de la abadía Solesmes, en Francia.

1 Comments:

Blogger Noctante said...

Esperemos hayan audios, al menos Carmina Burana.

2:27 p.m.  

Publicar un comentario

<< Home

eXTReMe Tracker