miércoles, noviembre 11, 2009

¿Qué quieres contar?

Se quiere narrar la vida. La vida que es extremadamente compleja.

Existe el mundo del cuerpo, de los cuerpos, con sus hechos, sus sensaciones, sus placeres y sus dolores. Sus crueldades y sus caricias. Pero también está el espacio sicológico, ese territorio con su laberinto de calles, barrios crepusculares, días iluminados, y barrancos oscuros. En alguno de ellos nos estacionamos por determinado tiempo. Tiempo éste que nos parece transcurre porque sufrimos, porque soñamos, porque estamos excitados, porque reímos. Pero no todo se resume a estas instancias, de vez en cuando existe lo trascendental, aquello que no se estaciona sino que es, y ese ser momentáneo brilla con gran magnitud sin que sepamos de dónde viene, es algo así como una revelación, un relámpago, un resplandor. Hay una luz que no es luz, hay un azoro que no es tal, y el corazón se levanta sin tener seguridad hacia dónde, en un segundo que podría ser eterno, y de hecho lo es, porque es indeleble.

Todo esto se quiere contar. De esto se quiere dejar testimonio.

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4 Comments:

Blogger Paola said...

Se cuenta lo elemental y lo trascendental, la vida que es profunda y superficial.
Me hizo pensar que la eternidad está compuesta de esos segundos efimeros.

3:12 p.m.  
Blogger Torumano said...

Lo efímero es la puerta de la eternidad. ¿Quién tiene la llave?

11:14 a.m.  
Blogger Paola said...

Es una puerta si. ¿Pero es una llave?. cabe la posibilidad de la existencia de dos cerraduras, lo que significa dos llaves... Podría decirse que una es propiedad de Alguien; la otra está en posesión de cada cual que hace con sus segundos lo que elíge.
Y si existiese una sola, para ti ¿quién la tiene?

10:17 p.m.  
Blogger Torumano said...

Hubiese querido dejar la respuesta en pregunta, así permanecería el texto en tono poético. Mas parece que es buento también afirmar que la cerradura tiene dos vueltas.

Si tuviésemos la llave, la primera giraría por el querer, por la voluntad de hacerlo, y la segunda terminaría de abrir el cerrojo por el dejar hacer. Hay, pues, en la actitud del no-hacer, una fuerza que no es nuestra, que actúa a través nuestro, pero en la que esencialmente permanecemos, somos; como si se tratase de una bella contradicción nacida del negar el deseo, nacida del negarse.

9:14 a.m.  

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