lunes, octubre 12, 2009

Los regresos

En mi vida de trashumante, que bastante errancias ha tenido, he descubierto que jamás se regresa, siempre se llega. El regreso es una ilusión de la mente.

Así que, como toda llegada, el supuesto retorno exige la apropiación del lugar, que si bien es el mismo en coordenadas, acaso en cierta geografía o detalle que guiña a la memoria, es totalmente novedoso en la historia. Podemos, pues, afirmar que las novedades de los lugares están dadas tanto por la geografía como por la historia, el desplazamiento en cualquiera de esas direcciones produce un cambio sicológico que todo viajero debe asumir.

El migrante es un viajero en el tiempo y en el espacio, el cual sabe que no le queda más remedio que conquistar. Para ese prodigio es absolutamente necesario cargar la espada de la comprensión y la fulminante mano de la amistad, que toda alma nómada lleva consigo. Claro, y no olvidar jamás la alforja de nuevas miradas que el puerto de arribo puede proporcionar, porque el objeto está hecho de múltiples ángulos tanto en lo alto como en lo ancho, en lo profundo, en lo sicológico, en lo onírico, en lo mental, en lo originario, en lo conciencial, y finalmente –quién puede negarlo- en lo esencial. ¿Cómo capturarlo, entonces, si no se reúne material suficiente de los diferentes cantos?

En el malecón se oye un canto que es como de sirena pero está construido por el viento que hurga entre los entreveros de las montañas, que siempre las hay, aún en las llanuras más extendidas, porque toda geografía guarda su viento, y toda historia atesora su montaña.

El mármol del torso
desnudo de Colón impera
el agua del mar.

Quien se marcha
jamás regresa
completamente.

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2 Comments:

Blogger Paola said...

Cómo dijo Heráclito: “Nadie se baña dos veces en el mismo rio”... Pero se me ocurre a mi, haciendo quizá una especie de digresión, o no tanto... no sé, que quién llega está dándo el primer paso para marcharse, así como cuándo empieza el día, está iniciando su declíve.

12:30 a.m.  
Blogger Torumano said...

Nadie se baña dos veces en el mismo río, pero mientras se baña se baña. El problema tiene que ver con la actitud. Todo caminante sabe que su viaje es interminable, y así hace de cada estancia un espacio eterno. Allí funda y se encarna, porque sabe que la única manera de viajar es llegando y no partiendo. ¿Cómo si no hacer camino al andar?

10:34 p.m.  

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