martes, abril 12, 2011

Frases de pensadores bolivianos

Para una revisión, he elegido algunas frases célebres de pensadores bolivianos desde José Mariano Serrano hasta Marcelo Quiroga Santa Cruz. Juzgue el lector el proceso, piense el pensador su juicio.


José Mariano Serrano (1788 – 1851)

Pero vosotros sabéis que destruir tiranos no es acabar la tiranía; que las revoluciones pueden ejecutarse con dicha, pero rara vez conducirse y terminarse con acierto.

Agustín Aspiazu (1826 – 1897)

Habitantes de un astro que chispea, suspendidos en el firmamento, vivimos en el cielo; tenemos nuestra cuna, nuestro hogar y nuestra tumba en el cielo, y por consiguiente un justo título para aspirar a nuestra perfección.

Adolfo Ballivián (1831 – 1874)

Es más fácil abjurar las creencias que sostenerlas; para lo primero, basta un momento; para lo segundo, no siempre basta una vida colmada de infortunios. He resuelto colocar mi cabeza en la picota del verdugo, antes que colocarla en la picota de la infamia.

Mariano Baptista (1832-1907)

Empezad por lo posible; porque lo perfecto está al fin.

La condición de toda victoria es la paciencia.
La intriga y el servilismo suelen correr denso velo ante los ojos del poder.

Dos cosas son de desear que se acrecienten en Bolivia, un gran odio y una gran fuerza: el grande odio es contra las vías de hecho, contra las asonadas populares y motines de cuartel que llamamos nuestras revoluciones, la grande fuerza es la conciencia pública.

La libertad no consiste en simples declaraciones. Un acto eficaz vale más que todas ellas.

Mamerto Oyola Cuellar (1838-1902)

La libertad de las mayorías sin reconocer más freno que las pasiones ejerce tiranía de peor carácter que el despotismo del sable.

Primo Arrieta (1859-1910)

La ciencia tiene más sinceridad cuando habla de su impotencia que de sus triunfos.

Jaimes Freyre (1868-1933)

No es el verdadero justo el que hace triunfar la justicia, sino siempre aquel que sabiendo que se le llama injusto realiza su obra de justicia.

Daniel Sánchez Bustamante (1870 – 1933)

No hay poder más grande que el poder moral: despierta la veneración, el amor y la obediencia. Los otros poderes obligan, pero no seducen: la obediencia ante ellos casi siempre oculta la callada hipocresía.

La aspiración es el núcleo racional de los deseos que agitan el espíritu: los deseos son fuerzas sociales y fuerzas morales, fuerzas indómitas al despertar y aun fatales en su desenfreno; pero son también fuerzas disciplinadas y eficaces cuando la inteligencia tiene el hábito de gobernarlas.

No hay hombre de acción que no haya visto multiplicadas sus energías y que no haya maravillado a sus contemporáneos.

La misión del hombre no es gozar, sino sublimar la porción de tarea que le ha tocado por el pensamiento o por la nobleza de la conducta.

Mientras haya sociedades en la tierra, habrá la eterna controversia entre los que sostienen la libertad y la plenitud luminosa de su pensamiento y los derrotistas mortales que sólo incuban inquisiciones, logias, despotismos.

Man Cesped (Manuel Céspedes, 1874 – 1932)

El optimismo de la acción es el alma de la fuerza. El optimismo iluso, es el sueño de los débiles.

Franz Tamayo (1879 – 1956)

Si en su heredad siembra el rústico, el sabio siembra en olvido. Mas para el Gran Sembrador sólo la muerte es heredad.

La tierra no es sólo el polvo que se huella, sino el aire que se respira y el círculo físico en que se vive. La tierra tiene un genio propio que anima al árbol que germina y al hombre que sobre ella genera.

José Luis Tejada Sorzano (1882 – 1938)

Lo que me ha faltado no es suerte, más bien lo que me ha sobrado es mala sombra.

Ignacio Prudencio Bustillo (1895 – 1928)

El hombre no existe más que por sus obras; aquel que nada ha hecho, pasa por la vida como un fantasma.

Saber una cosa porque se tiene fe, es lo mismo que ignorarla.

La conciencia no es más que un espejo opaco que refleja las opiniones del medio en que uno vive.

Por respeto a la libertad, la ley permite que el pobre entable la lucha por la vida sin más armas que su debilidad y su hambre.

Gustavo Adolfo Otero (1896 – 1958)

Conocemos al hombre teórico, genérico, eterno, pero estamos incapacitados para el conocimiento del primero que pasa por la calle o de nosotros mismos.

Le conviene al pícaro ignorar a las gentes honradas y al mediocre le interesa desconocer que existen hombres de inteligencia superior.

Gustavo A. Navarro (Tristán Marof) (1898 –1979)

El peligro más que una satisfacción romántica es una voluptuosa necesidad.

Para realizar el mundo socialista no basta con la fe y el espíritu de sacrificio sino que se necesita actividad, cultura, honradez, que no se crean con revoluciones sino con el esfuerzo paciente de las generaciones.

Javier Paz Campero (1899 – 1959)

Los infidentes, desleales y cobardes; los simuladores de la honradez, del talento y del civismo, paralogizarán tal vez, momentáneamente, a las multitudes, mas nunca conseguirán llegar al corazón del pueblo, ni a formar una patria grande y digna.

Enrique Baldivieso (1901 –1957)

Dos grandes fuerzas rigen el mundo: el hambre y el amor.

Oscar Únzaga de la Vega (1916 – 1959)

No combatir (la tiranía) es hacerse cómplices.

Rafael García Rosquellas (1907-1973)

La justicia es una categoría moral y por consiguiente, su contenido no puede ser determinado por la teoría pura del derecho.

El derecho puro es un vaso sin contenido, una copa de cristal vacía.

Hay tantas justicias como Estados hay, sin contar con las concepciones puramente doctrinarias de la justicia, es decir, con las no incorporadas a los regímenes, válidos con las propias de tal o cual partido.

Roberto Prudencio (1908 – 1975)

El alma es un estado del paisaje.

Las energías latentes de la tierra se plasman en imágenes, en intuiciones, en ideas.

Jaime Saenz (1921 – 1986)

Yo digo: es necesario pensar en el mundo –el interior del mundo me da en qué pensar. Soy oscuro. No me interesa pensar en el mundo más allá de él; la luz es perturbadora, al igual que el vivir –tiene carácter transitorio.

Marcelo Quiroga Santa Cruz (1931 – 1981)

Cada día se yergue Bolivia por la primera vez. Por esto su marcha tiene toda la vacilación de un tambaleante ambular infantil y esta misma razón explica el que sus siempre primeros pasos terminen en una lamentable caída.
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